The Girl with the Dragon Tattoo [David Fincher]

Punk, misoginia y celuloide

Comenzaré con una confesión: no he visto las películas originales suecas dirigidas por Niels Arden Oplev. Peor aún: no he leído los libros de  Stieg Larsson, el ya mítico escritor que cumplió el destino kafkiano (salvando, claro está, las distancias) falleciendo antes de que su obra lograra la devoción de millones de lectores alrededor del mundo. La Trilogía Millenium conquistó su lugar en la historia de la literatura policial y del cine negro de esta década. No hay duda de eso. Que haya sido sólo un fenómeno del best seller, que tenga o no buena calidad literaria, que sea cine comercial o de autor, son cuestiones a las que estas palabras no se referirán, simplemente porque no tengo base para hacerlo.

Cuando me senté en la butaca del cine a ver  The Girl with the Dragon Tattoo estaba a punto de tener  mi primer encuentro frontal con la histora de Larsson. No me consta que sea una buena adaptación, ni si está a la altura de sus antecesoras fílmicas escandinavas. Pero como obra cinematográfica, evaluada sin prejuicios ni predisposiciones, puedo decir que el director David Fincher me volvió a dejar sin aliento.

Ya pasó un año desde que The Social Network desafió mis prejuicios. La historia del fundador de Facebook plasmada en la gran pantalla era una idea que no me entusiasmaba en ningún nivel como espectador. Hasta que la vi y comprendí que Fincher era un director que nunca se debía subestimar.

El mejor adjetivo que encuentro para definir The Girl with the Dragon Tattoo es  “hipnótica”. Y esta palabra ya había sobresalido en la apreciación que me brindó otra persona antes de ver el film, pero sólo pude comprobarlo durante las dos horas y treinta minutos que estuve frente a la pantalla del cine, absorto en la trama, en su acelerada narración, en su trepidante montaje, en la percepción de detalles mínimos como el tecleteo en las Macbooks (notable el  trabajo de la edición y la mezcla de sonido, merecidas nominaciones a los premios de la Academia), en la invasora y absorbente música de Trent Reznor (quién repite su colaboración con Fincher manteniendo, en mi opinión, el mismo nivel de calidad que caracterizó en este aspecto a The Social Network), en los “inexpresivos” gestos de una Lisbeth Salander interpretada formidablemente por Rooney Mara, una actriz que hasta finales del año pasado era casi anónima en el entorno mediático (otra nominación al Oscar merecida).

Opiniones y críticas se debaten en cuál es la Salander más fiel a la historia de Larsson. Es inevitable que se contrapongan este tipo de personajes -especielmente éste- en historias de la literatura adaptadas varias veces al cine. Como mencioné al comienzo, no puedo opinar. No conozco ni el origen literario ni la primra adaptación. Pero puedo, y me permito, decir que, más allá de las comparaciones, este pertsonaje me cautivó. Simplemente, sin más que agregar. Me cautivó hasta un punto que si existieron (claro que existieron, no es perfecta esta pelícua, ni pretendo acá demostrar que lo es) momentos tediosos o no convinecntes a lo largo del film, no fueron escenas donde Mara estuviera presente.

No continúo para no caer en adulaciones innecesarias. Basta decir que el resto de las actuaciones del elenco son convincentes (y hasta conmovedoras), desde la del gran Christopher Plummer hasta incluso Daniel Craig (cuya imagen de 007 pocas veces escapa de mi memoria, y de manera súmamente prejuiciosa).

The Girl with the Dragon Tattoo es de esas películas que tiene la “cualidad” de ser alabada y destrozada  de igual manera por la crítica. Las apreciaciones también pueden dividir a la genariladad de los espectadores. Más allá de que las alusiones publicitarias de marcas capitalistas sea una ordinaria estrataegia comercial, un inteligente guiño irónico o la simple lectura fiel del libro (cajitas felices, manzanas mordidas en un corte transversal, bebidas gaseosas de Atlanta); o de que la trama resulte al final predecible y llena de lugares comunes, o por el contrario sorpresiva y emocinante en cada minuto; alejándose de toda opinón encontrada, se trata de una película que no pasa desapercibida para ningún mortal que la aprecie con atención. Imprescindible que sea en una sala de cine (y, pase lo que pase, será muy difícil que Rooney Mara no te robe al menos un suspiro).

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Benjamín Gáfaro – @bengafaro

EE.UU / Suecia / Reino Unido / Alemania. 158 minutos

Dirección: David Fincher

Guión:  Steven Zaillian

Música:  Trent Reznor, Atticus Ross

Reparto: Daniel Craig, Rooney Mara, Christopher Plummer, Stellan Skarsgård

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