Jennifer Lawrence está de moda (en el mejor y en el peor de los sentidos)

Jennifer-Lawrence-American-Hustle

Si no sabes quién es ella, entonces eres un alienígena

Cada cierto tiempo Hollywood marca con bastante claridad quién es la “consentida” del momento. Desde Audrey Hepburn, pasando por Julia Roberts, entrando al nuevo milenio con Lindsay Lohan y manteniendo en la memoria reciente a Emma Stone y Jennifer Lawrence. La segunda es obviamente la actual, la chica que se roba la atención en todas las alfombras rojas con su sentido del humor, sus muecas desvergonzadas y su sinceridad hilarante. Para portales como BuzzFeed, es una fuente segura de tráfico, generadora constante de memes, un tópico semanal sobre el que se puede escribir cualquier cosa. Literalmente cualquier cosa: desde su evolución cinematográfica hasta las 13 cosas curiosas que se asemejan al extraño vestido que usó en la pasada entrega de los Golden Globes.

Toda esta desmesurada atención mediática hace pensar en dos cosas. La primera es la más obvia: ¿hasta cuándo durará? Porque no es un secreto que el principal riesgo de ser el centro de atención del entretenimiento hollywoodense es la quema, la extinción radical de toda la publicidad mediática que posicionaba tu nombre entre las tendencias noticiosas de cada día. Una “estrella” puede quemarse por el olvido (¿recuerdan a Mena Suvari?) o por el exceso (Lohan, indudablemente). El primero se asemeja más a lo que, en la música, se le llama un one-hit wonder, una figura en ascenso que luego de una o dos películas exitosas (y quizás un par de blockbusters muy rentables) se va disipando poco a poco en el olvido, renegada a papeles secundarios (en cine o televisión) o simplemente en el retiro definitivo. El segundo es más violento, es la representación clásica de la “caída y ascenso” de una estrella, con las drogas, los problemas mentales y/o el alcoholismo como ingredientes vitales; un clásico del período dorado de Hollywood que Judy Garland representó casi de manera autobiográfica en A Star is Born en 1954. Lawrence, sin duda, entraría en la última opción. Pero, recalco: “entraría”, porque hasta ahora la opción de mantenerse como un actriz consagrada (y sobria) parece un camino recto que nadie podría perturbar, ni si quiera ella misma (así funcionan las percepciones ciegas que impone la industria cultural a los espectadores que consumen su reproducción de la realidad).

Lo segundo (porque en el inicio del largo párrafo anterior hice referencia a dos cosas) es más controversial: ¿merece toda la atención y el reconocimiento que le han otorgado? Es casi imposible evaluar esto con un filtro puro de objetividad, empezando porque la objetividad pura no existe. Por otro lado, cuando un artista -más si se trata de una figura tan mediática como la del actor- recibe continuos y “unánimes” reconocimientos por su trabajo, es inevitable que un lado de la opinión pública ponga en duda todos esos logros. Es parte de la función crítica de toda sociedad, es parte de la naturaleza humana: cuestionar(se).

Sus entrevistas y apariciones en la alfombra roja siempre están marcadas por sus muecas y buen humor.

Sus entrevistas y apariciones en la alfombra roja siempre están marcadas por sus muecas y buen humor.

Y aquí va mi opinión personal: Lawrence es una buena actriz. Demuestra carácter y tiene la capacidad de robarse toda la atención de una escena aunque esté en un plano secundario. También versatilidad, no tanto por el tipo de personajes que interpreta sino por el tipo de películas en las que ha participado: thrillers psicológicos (Winter’s Bone), dramas existenciales (The Burning Plain, película de Guillermo Arriaga donde me impresionó la actuación de “esa desconocida actriz”, joven versión de Charlize Theron), comedia negra (Silver Linings Playbook y American Hustle) y aventura scfi “blockbustera” (X-Men y la saga de The Hunger Games).

Lawrence convence así tanto al público masivo como a la llamada crítica especializada, combinación que asegura el éxito materializado en galardones tan antagónicos como el Premio de la Academia y el People Choice Awards (aristocracia y democracia, en términos del periodista Ronan Farrow). ¿Es viable mantener esa aceptación entre los dos mundos que rigen el éxito de un artista en Hollywood por mucho tiempo? No hay una sola respuesta para eso. Solo hay ejemplos que lo afirman o lo niegan: Sandra Bullock = afirmativo. Winona Ryder = negativo. Ryan Gosling = afirmativo. Mel Gibson = negativo.

Hay, no obstante, una reflexión clara. En el sueño americano nada es permanente y las variables del éxito y el fracaso, el olvido y lo memorable, cambian y mutan constantemente como las “misteriosas” (al menos para mí) leyes que rigen la bolsa de valores de Wall Street.

Por ahora, se podría decir que Jennifer Lawrence está rompiendo récords por obtener tanta atención oscarizada siendo tan joven (tres veces nominada y ganadora en una oportunidad con apenas 23 años). Pero, por esa misma razón, su talento dramático puede seguir madurando y desarrollándose, dejando abierta la posibilidad de que en el futuro ofrezca actuaciones más sólidas, que tenga la oportunidad de trabajar con otros directores (no todas las buenas películas son dirigidas por David O. Russell) que la saquen de su zona de confort, que la empujen a traspasar los límites de ese talento que los mismos espectadores perciben (como lo que logró hacer Woody Allen dirigiendo a Cate Blanchett en Blue Jasmine: hasta la actriz más consagrada puede sorprenderte y dejarte de nuevo con la boca abierta).

Lawrence se llevó el Óscar en 2013 por mejor actriz principal en "Silver Linings Playbook"

Lawrence se llevó el Óscar en 2013 por mejor actriz principal en “Silver Linings Playbook”

Esas son las razones por la que, aunque hizo un trabajo maravilloso, no debe llevarse el Óscar a la Mejor Actriz de Reparto este año (y, de nuevo, la madurez, porque su única falla al interpretar a Rosalyn Rosenfeld fue tener 23 años, y eso colocó a Amy Adams en un plano indiscutiblemente superior, generando una confrontación desigual entre ambos personajes). Además, un  Óscar consecutivo para Lawrence podrían condenarla a “la maldición de Tom Hanks”, quien luego de llevarse el premio dos años seguidos por Philadelphia y Forrest Gump, hace ya dos décadas, ha sido ignorado una y otra vez (y con Captain Phillips no es la excepción).

Para concluir (que me desvío demasiado por la actualidad de La Academia): Lawrence tiene el talento suficiente para demostrar que no es una moda pasajera, pero el reto que tiene bajo sus hombros no es nada envidiable. Esperemos que lo lleve con la espontaneidad y el humor que la caracteriza en sus declaraciones públicas y no termine protagonizando un parapeto tan patético como la vida “privada” de Lindsay Lohan o asumiendo una actitud tan soberbia y prepotente como las de Anne Hathaway o Natalie Portman (que me crucifiquen sus fanáticos, pero estas dos solo se han transformado en embajadoras del aburrimiento luego de llevarse la codiciada estatuilla dorada).

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6 comentarios
  1. jorgescribe dijo:

    Bien buena la reflexión, sin embargo, ya se está viéndose la llegada (en Internet) del backlash contra JLaw. Como Anne Hathaway (salvando los niveles de empatía que Jen ha logrado) que en algún momento fue la consentida y ahora la repudiada.

  2. carledonia dijo:

    Muy buena la nota, Ben. Me gusta JL. Me cae bien como estrella y como actriz es impecable. En American Hustle tiene momentos sublimes y otros perturbadores. El beso, la canción, la pintura de uñas, la metida de pata. Pase lo que pase, disfrutémosla mientras dure.

    • A mí también me gusta, Carla. Solo que creo que está al borde de la sobre valoración y eso no es bueno para ningún artista. En “American Hustle” está muy bien, muy divertida, pero de nuevo: creo que no era un personaje para alguien de 23 años, y eso en mi opinión se notó. Hubo momentos donde era obvio el desbalance entre su personaje y el resto del reparto (que se veía un poco forzada su interpretación). A diferencia de Amy Adams, que estuvo brillante en todo el film. En fin, ya veremos. Estos dilemas son típicos de los Óscars y de las películas de David O. Russell. ¡Un abrazo y gracias por comentar!

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