Nebraska [Alexander Payne] y Frances Ha [Noah Baumbach]

Nebraska-FrancesHa

Desencuentros opuestos y cotidianos

Comencemos por aclarar lo más obvio: ambas fueron filmadas en blanco y negro. Eso, ya de por sí, le otorga un nexo, un puente –al menos- estético. Pero esa no es la razón de esta reseña cruzada, o quizás fue solo el punto de inicio que me hizo relacionar estas dos películas. De hecho, el argumento y los personajes de Nebraska (Alexander Payne, 2013) y Frances Ha (Noah Baumbach, 2012) son muy distintos, incluso opuestos. En la primera encontramos a un hombre de la tercera edad sin “nada” que perder pero mucho que ganar, partiendo hacia una búsqueda que su esposa e hijos saben que es infructuosa: el reclamo de un millón de dólares de un engañoso ticket de lotería. La segunda es sobre una mujer de 27 años que vive en Nueva York, que ha culminado sus estudios universitarios y que no sabe qué dirección va a tomar en su vida mientras el resto de su entorno parece  abandonar de una vez por todas la post-post adolescencia para avanzar hacia ese terreno joven/adulto –solo en apariencia- más estable y próspero que comienza a los 30 años.

Ambas son historias de recorridos caóticos y deseos personales. Woody (Bruce Dern) desea ser millonario; Frances (Greta Gerwig, co-escritora del film) desea saber qué desea. Woody no lo hace por él, su intención obedece a una de las preocupaciones más comunes del ser humano durante varios siglos de civilización: ¿qué le voy a dejar a mi esposa y mis hijos cuando ya no esté? Frances debe hacerlo por ella, pero sus interrupciones se proyectan en los demás, en lo que ella piensa que le exigen sus amigos/conocidos/familiares, aunque en concreto nadie le está exigiendo nada, y esa incertidumbre entre lo que hay que hacer y lo que crees que lo demás esperan que hagas podría definir la esencia de los post-25-pre-30 años en estas primeras décadas del siglo XXI. Woody bebe exceso Frances habla en exceso.

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Bruce Dern (el padre) y Will Forte (el hijo), tomando una -de muchas- cervezas en la parada más problemática y reveladora del viaje.

Ambas son historias mínimas. Personas ordinarias con vidas ordinarias. Y lo interesante es que desde esa perspectiva, alejada del héroe o del ejemplo de vida, se crea una honesta conexión con el espectador. Cuando entiendes a Frances te entiendes a ti mismo. Cuando entiendes a Woody te entenderás a ti mismo. Y cuando esas piezas sueltas se logran encajar (ya sea alquilar tu primer apartamento o comprar una camioneta nueva) son acciones que aisladas no tienen un mérito mayor dentro de las grandilocuentes éxitos que solemos ver en las “historias felices” del séptimo arte, pero que dentro del universo diegético de ambos filmes adquieren dimensiones que se escapan de lo ordinario: son los logros que un hombre común puede alcanzar y que le darían una genuina –aunque pasajera, como todo lo que vale la pena- alegría.

En la película de Payne el personaje secundario de David, el hijo (Will Forte,) es el medio, la voz y vehículo (en sentido literal y figurado) de Woody: se traslada con él y entra en el espacio que su padre dejó en el pasado, donde se encuentran los amigos que lo subestimaron y la mujer que quizás representó el primer y verdadero amor, donde reposan las aspiraciones que nunca logró alcanzar; en la cinta de Baumbach el personaje secundario de Sophie, la mejor amiga (Mickey Sumner) empuja las acciones de Frances: la búsqueda de un nuevo piso/hogar cuando Sophie decide dejarla sola para mudarse con su novio, un espontáneo viaje a París cuando Sophie decide irse con ese novio a vivir a Tokio y una toma de acción laboral-profesional que erradica su círculo de procrastinación cuando escucha la confesión de una comprometida y ebria Sophie que admite que su vida es terrible… aunque al día siguiente todo quede olvidado. La existencia, desde cualquier ángulo, siempre es un desastre; pero ponerle orden a ese desastre es algo que tarde o temprano se debe hacer por sí solo.

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Mickey Sumner (Sophie, la mejor amiga) y Greta Gerwig (Frances), brindando y perdiendo el tiempo en la mejor etapa de su amistad.

Muchas lecturas cruzadas pueden sobresalir entre ambas: la crítica a una época de crisis económica, endeudamiento y austeridad que afecta tanto a los habitantes de Billings como de Nueva York; la aceptación de la soledad; los sacrificios de individuo contemporáneo ante las exigencias intrínsecas de una sociedad cada vez menos sociable… No obstante, lo más importante que comparten des mi punto de vista es el tránsito del descubrimiento y la realización personal entre los errores y los aciertos cotidianos. Desde esa medianía la historia de cualquier persona puede ser una gran historia.

 

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