Tom à la ferme [Xavier Dolan] y el cine bajo el Síndrome de Estocolmo

"En octubre, el maíz corta como un cuchillo"

“En octubre, el maíz corta como un cuchillo”

“Hoy una parte de mí ha muerto, y no puedo llorar, ya que olvidé todos los sinónimos de ‘tristeza’. Ahora, todo lo que puedo hacer sin ti es reemplazarte”.

Luego de estas palabras comienza a sonar una versión a capela de la canción “Les Moulins de Mon Coeur”, donde se muestra la inmensidad del campo canadiense (un hermoso cuadro logrado desde un plano aéreo) y poco a poco nos vamos acercando a un carro que atraviesa una delgada carretera. Así se adentra Tom a una tierra desconocida, hacia el origen y el final de su compañero sentimental, un amor oculto en la ciudad ante los ojos de una madre conservadora y un hermano psicópata.

Tom à la ferme, cuarto film de Xavier Dolan, joven prodigio del cine indie del siglo XXI, sorprende desde sus primeros cinco minutos. Un thriller psicológico con clímax dramático y algunas digresiones de humor absurdo. No es perfecto, pero es precisamente su imperfección lo que lo hace interesante. Tom (interpretado por el mismo Dolan) viaja a la casa de su difunto novio Guillaume, una granja aislada por los secos sembradíos de maíz y de soja y por la actitud violenta de Francis (Pierre-Yves Cardinal). Allí se encuentra en primer lugar con Agathe (Lise Roy), una madre que acaba de perder a su hijo por circunstancias extrañas y con la que debe mantener las apariencias para que la orientación sexual de su amante sea un secreto perpetuado en la tumba. Desde el inicio, el propósito de la visita de Tom es un despropósito. Su misión principal es leer un discurso dedicado a la memoria de su “mejor amigo” en el funeral. No puede hacerlo. Y a partir de allí padece los ataques de Francis, quien sabe su secreto y lo extorsiona para mantener la ilusión de un “hijo perfecto” ante los ojos de una madre que se entrega a una cegara voluntaria.

La relación entre Francis y Tom comienza desde un sinsentido. Y cuando el protagonista emprende la primera huida, algo lo hace cambiar de opinión y se devuelve a la granja, se entrega a la prisión de manera voluntaria y somete su voluntad a los extraños deseos de su celador. Carcelero/prisionero; Amo/esclavo: la relación de estos dos personajes es tan confusa como intrigante, donde uno ve en el otro los rastros de Guillaume: Francis reprime a Tom por usar la colonia de su hermano, pero lo obliga a ocupar su lugar en la familia, a dormir en su casa, a hacer sus quehaceres campestres, a guiarlo mientras aprende a bailar tango; Tom acepta la cruel cercanía de Francis y le confiesa que tiene la misma voz de su amante fallecido, “la misma maldita voz”. Guillaume es así un espectro que solo se reconoce a través de ciertos fragmentos de vidas opuestas que Tom y Francis intentan de alguna manera unificar.

Francis (Pierre-Yves Cardinal): una nueva versión cinematográfica del acosador/psicópata.

Francis (Pierre-Yves Cardinal): una nueva versión cinematográfica del acosador/psicópata

El Síndrome de Estocolmo siempre ha dado mucha tela que cortar para la ficción narrativa. Átame (1990) de Pedro Almodóvar es uno de los grandes referentes del cine hispano que se desarrolla bajo ese argumento. Otra española más reciente, Stockholm (2013, Rodrigo Sorogoyen), repite el referente. Cuando la privación de la libertad deja de ser una imposición y se convierte en deseo, la relación entre el secuestrado y el secuestrador se tergiversa y deja entrever múltiples matices psicológicos y emocionales. De allí puede surgir una verdadera historia de amor o una compleja relación sadomasoquista. En el caso de Tom à la ferme, aunquela dependencia esté marcada por la tensión sexual, es el horror y la violencia lo que priva en los forzosos encuentros. Son escenas que cortan la respiración, haciendo que el espectador padezca casi un ataque de claustrofobia aunque el relato transcurra en un campo abierto.

La necesidad bajo el Síndrome de Estocolmo es recíproca. Una relación que funciona en principio solo por la coacción de un ser sobre otro, termina siendo de pleno consentimiento. Pero no pasa a ser una relación “convencional” mientras el ámbito de interacción siga siendo el cautiverio. En Átame Marina y Ricky (Victoria Abril y Antonio Banderas) solo consiguen trasladar su afecto a la “normalidad” cuando se reencuentran fueran del apartamento. Por el contrario, en Tom à la ferme la extraña relación entre Tom y Francis solo puede mantenerse en la granja y los alrededores del pueblo. El escape final y la llegada a la ciudad, pone fin al cautiverio y, por lo tanto, destruye el vínculo afectivo-obsesivo.

Hitchcock, Polanski y Lynch (sobre todo Lynch, según sus propias declaraciones) sirvieron a Dolan como pilares inspiradores de esa historia basada en la obra de teatro de Michel Marc Bouchard, quien es co-escritor del film. Y de nuevo sobresalen los valores estéticos y narrativos que caracterizan a sus películas con una firma autoral y lo hacen uno de los cineastas vivos más interesantes de la actualidad: la meticulosa composición de los colores, la presencia (o ausencia) de la música de Gabriel Yared en escenas claves, el uso del plano/contraplano en las conversaciones de sobremesa, todo en favor de crear una atmósfera particular que mantiene a los personajes tan aislados de sí mismo como lo están de la ciudad. Y allí, en un bar ubicado en una gasolinera, una conversación reveladora con el bartender recuerda a Kubrick (claro, salvando las distancias) y valida un punto importante: Dolan no es un simple “pijo” mimado que decidió hacer cine por capricho.

Tom (Xavier Dolan) en el bar: una escena que recuerda a Kubrick y Jack Nicholson en ‘El Resplandor’

Tom (Xavier Dolan) en el bar: una escena que recuerda a Kubrick y Jack Nicholson en ‘El Resplandor’

Tom à la ferme ganó el FIPRESCI (premio de la crítica) en la 70º edición del Festival de Cine de Venecia. De nuevo hay que aclarar que no es un film perfecto. Pero solo el inicio ya descrito y el final con “Going to a Town” de Rufus Wainwright hace que valga la pena verlo. Y aunque algunas de las dudas que exclama Agathe en su última escena nunca se responden (“¿Por qué Tom no habló en la iglesia? ¿Por qué mi hijo dejó de visitarme? ¿Qué tipo de accidente fue? ¿Con quién estaba? ¿Cómo fue? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¡Nadie muere a los 25! ¡Nadie!”), aunque Tom no se atreva a hablarle al hombre desfigurado, otra víctima de Francis que logró sobrevivir con una marca imborrable de transgresión, aunque nunca conozcamos a Guillaume, hay una sensación de plenitud cuando las luces de Montreal se muestran mientras culmina el film. La conclusión es simple: Xavier Dolan lo hizo de nuevo.

 

Por Benjamín Gáfaro – @bengafaro

Título original: Tom à la ferme

Año: 2013

Países: Canadá / Francia

Duración: 95 minutos

Dirección: Xavier Dolan

Guion: Xavier Dolan, Michel Marc Bouchard (adaptado de lo obra de teatro homónima)

Música: Gabriel Yared

Cinematografía: André Turpin

Edición: Xavier Dolan

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