Tres cortos animados y ‘oscarizados’

El cine hace que las historias breves sean memorables

El cine hace que las historias breves sean memorables

Los tres últimos cortometrajes animados ganadores del Premio de la Academia comparten la cualidad de ser realizados con una mezcla de técnicas tradicionales y avanzadas, presentando al espectador piezas híbridas que mantienen cierta textura nostálgica de la estética clásica pero con el dinamismo y la calidad de las innovaciones digitales. Además, en ninguno hay diálogos, lo que demuestra que, a veces, en el séptimo arte  predomina la belleza y sobran las palabras.

Por Irenia Álvarez – @IreAlv

Mr. Hublot [Laurent Witz y Alexandre Espigares, 2013]

Mr Hublot

Un sujeto (especie de humano mecanizado)  con un trastorno obsesivo-compulsivo vive cada día siguiendo los ritos de una meticulosa rutina en al ambiente estrictamente ordenado de su hogar. Afuera una ciudad futurista e inorgánica es ruidosa e intimidante (recuerda a Brazil de Terry Gilliam), aunque no pierde esa virtud pintoresca que la modernidad no le podrá quitar a las principales urbes del mundo. Un amigo especial –el mejor amigo del hombre- hace que Mr. Hublot salga al exterior para rescatarlo. Es un pequeño robot canino que ahora le hace compañía en su hogar. Pero esta mascota crece y crece, y aunque su fidelidad y docilidad se mantienen intactas, sus grandes dimensiones hacen que en el pequeño piso -milimétricamente organizado- termine reinando el caos.

A pesar de ser una historia sencilla, Mr. Hublot conmueve y cautiva al espectador por esa “calidez” lograda con una ejecución que combina el stop-motion con la animación en 3D. Sin diálogos, pero con una edición de sonido bien ejecutada y una divertida banda sonora, este cortometraje logra retratar la felicidad y la amistad dentro de un futuro distópico.

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Paperman [John Kahrs, 2012]

PAPERMAN

Que te topes con una mujer atractiva en una estación de tren es algo que le puede pasar a cualquiera. Que esa mujer te regale una sonrisa y un beso involuntario marcado sobre una hoja de papel, es algo que desafía a las probabilidades. Que te la encuentres de nuevo frente a la ventana de tu oficina, en el edificio que está justo al frente, aunque ella no pueda verte, ya es un evento extraordinario. Y así lo entendió el protagonista de esta historia, un joven oficinista neoyorkino de los años 40 que recurre a los avioncitos de papel para llamar la atención de la que podría ser el amor de su vida.

Probablemente es una de los mejores retratos fílmicos que se le he hecho a la ciudad de Nueva York (incluso tan destacado como el de Manhattan de Woddy Allen), donde el blanco y negro y la mezcla de la animación tradicional (dibujando cuadro por cuadro) y la digital hacen de este cortometraje una pequeño tesoro fílmica producida por la Walt Disney Animation Studios. Mención especial merece la música de Christophe Beck: sublime e impecable. Por algo el crítico y realizador estadounidense, Leonard Maltin, catalogó a Paperman como “la perfección misma”.

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The Fantastic Flying Books of Mr. Morris Lessmore [William Joyce, Brandon Oldenburg, 2011]

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Un huracán atraviesa una pequeña ciudad y despoja todo a su paso. Nuestra atención recae en un joven que ve cómo las palabras de sus libros se diluyen con el viento mientras su casa y el resto de sus pertenencias vuela por los aires. La calma, luego de la catástrofe, lo hace recuperar su libro predilecto pero con las hojas en blanco. Es entonces cuando surge un misterioso encuentro que lo lleva a una biblioteca donde los libros vuelan y cobran vida. Esa biblioteca fantástica se convierte en su nuevo hogar y mientras pasan los años, su libro favorito va recobrando las palabras que él mismo va escribiendo.

The Fantastic Flying Books of Mr. Morris Lessmore no es solo una historia que conmemora los sucesos del huracán Katrina o que le rinde homenaje a Buster Keatin o El Mago de Oz. Mr. Morris Lessmore se trata principalmente del amor por la lectura, de cómo los textos cobran vida en las manos de un lector, y de cómo un libro puede hacerle entender al hombre el sentido de la existencia. Es una conexión simbiótica y mística. Para construir este mundo, sus realizadores (Joyce y Oldenburg) utilizaron una variedad de técnicas de la ilustración fílmica -botones de miniatura, efectos digitales y animación 2D-, confeccionando ante el espectador una verdadera obra de arte que recuerda esa época de oro de Hollywood durante los inicios del tecnicolor. (Por cierto, después de ver este corto querrás darle un abrazo a tu libro favorito).

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