Seis acotaciones sobre ‘The Imitation Game’

O cómo narrar un suceso extraordinario de manera trillada

O cómo narrar un suceso extraordinario de forma no tan extraordinaria / Foto: Black Bear Pictures

I

La biopic sobre el matemático, criptoanalista y pionero científico de la computación británico, Alan Turing, es una (de esas) película(s) que tiene la historia a su favor para ser interesante más allá de su ejecución narrativa, puesta en escena y propuesta estética. Y me refiero a La Historia, esa que le enseñan mal a todos cuando somos niños en el colegio y luego, ya adultos, redescubrimos al conocer otras lecturas más críticas y profundas sobre los principales hechos que cambiaron el destino de la humanidad. (Vale advertir: los siguientes puntos contienen spoilers).

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II

La construcción del suspense está plagada de lugares comunes y esquemas que estamos cansados de ver en otras películas, fenómeno clásico que provoca la respuesta de los historiadores que se toman la molestia de desmentir, desacreditar o aclarar cómo se desencadenaron en realidad los acontecimientos. Es obvio que ningún relato fílmico de este tipo –por muy realista que pretenda ser– será completamente fiel a los hechos, pero Morten Tyldum (director) y Graham Moore (guionista) no tuvieron reparo en emplear los modelos más efectistas para inyectarle emoción e intriga a ciertas escenas del filme que ameritaban un clímax, por ejemplo: lo de Turing corriendo al laboratorio desde el bar luego de “recibir” en una conversación trivial -donde era el cómplice del flirteo de su amigo- el dato clave que lo hace “romper” (break) el código de la máquina Enigma es difícil de creer. De hecho, estamos seguros que así no sucedieron las cosas. No obstante, la contundencia de la escena es emocionante a pesar de lo trillada.

 

III

Benedict Cumberbatch como Alan Turing junto a Keira Knightley como Joan Clarke. Foto: Black Bear Pictures

Benedict Cumberbatch como Alan Turing junto a Keira Knightley como Joan Clarke / Foto: Black Bear Pictures

La sexualidad del Turing es retratada de manera sutil… muy sutil. A través de un montaje fragmentado, la narración se divide en tres periodos históricos: preguerra, guerra y postguerra. En la preguerra -adolescencia de Turing- el descubrimiento de la sexualidad plantea el retrato más vulnerable del científico, quien entiende que debe cargar y soportar el resto de su vida un doble estigma de marginación: genio asocial y  hombre homosexual. Christopher Morcom (Jack Bannon) es el único personaje que representa un vínculo amoroso en la vida de Turing, y su relación se mantiene de manera simbólica a través de la primera “Máquina de Turing”, bautizada como Christopher y única compañía del matemático durante los últimos años de su vida mientras padecía la castración química. Todo esto es explicado en pocos minutos en la última escena del film, que logra ser conmovedora gracias a la excelente interpretación de Benedict Cumberbatch. Las aclaratorias biográficas que anteceden a los créditos cierran el tema de manera escueta. Wikipedia describe mejor lo que pasó.

 

IV

Por momentos sientes que estás presenciando una extraña reunión entre distintos personajes de las series más importantes de la televisión: la honestidad excéntrica de Sherlock Holmes desafiando a la autoridad de Tywin Lannister (Charles Dance haciendo el mismo papel sin armadura pero con uniforme) y la complicidad de Tom Branson (Allen Leech). La única conclusión de esta observación trivial es que los actores británicos son cada vez más populares gracias a los canales de televisión por suscripción.

 

V

El reparto principal en el momento clave del 'juego' /  Foto: Black Bear Pictures

El reparto principal en la escena clave del ‘juego’ / Foto: Black Bear Pictures

En líneas generales, el reparto de The Imitation Game – Keira Knightley, Matthew Goode, Mark Strong- hace un buen trabajo: convincente, aunque no memorable. Con la excepción ya mencionada de Cumberbatch.

 

VI

Lo que más destaco del filme es el planteamiento de que las guerras se ganan en una habitación hermética y no en el campo de batalla. La inteligencia militar y los avances en la logística de espionaje fueron claves durante la Segunda Guerra Mundial y forzaron los adelantos que nos hacen vivir hoy en día en un mundo interconectado a través de los dispositivos móviles y las redes digitales. Al entender esto, sorprende que aún nos escandalicemos por la pérdida de la privacidad que imponen las dinámicas sociales/digitales: la computadora y el internet se crearon para “quebrar” los códigos de seguridad y conocer los secretos del Otro. Ese Otro en principio era un ejército enemigo (el nazismo), luego un bloque enemigo (la Unión Soviética) y ahora cualquiera que amenace la seguridad de una instancia de poder económica o política. Esta última reflexión es más oportuna para una reseña de Citizenfour.

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Por Benjamín Gáfaro – @bengafaro

Título: The Imitation Game

Año: 2014

País: Reino Unido / Estados Unidos

Duración: 113 minutos

Dirección: Morten Tyldum

Guion: Graham Moore

Cinematografía: Óscar Faura

Edición y Montaje: William Goldenberg

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