Una mujer fantástica: O la vida como transición continua

Daniela Vega es Marina Vidal en Una mujer fantástica (Sebastián Lelio, 2017, Chile). Imagen: Sony Pictures.

Marina es una quimera. Una fantasía. Un sueño. También es un ser humano de carne y hueso. Una mesonera. Una cantante lírica que a veces canta y baila salsa ante las miradas embriagadas de otros hombres y mujeres que ahogan sus prejuicios en un bar nocturno. Marina sale a correr, pasea a la Diabla, baila, besa, ama, odia. Es una artista, una trabajadora. ¿Qué tiene entonces de fantástica Marina? Nada y mucho, al mismo tiempo. Porque Marina es una mujer trans, que ya a estas alturas de la vida en (al menos) cualquier capital del mundo no debería ser motivo de asombro. Pero lo es, y no solo de asombro, también de desprecio, de crueldad y de muchos otros sentimientos y acciones cercanos al lado más ruin la humanidad.

Mientras transita las calles de Santiago de Chile, con su propia magia, Marina debe ser impermeable ante los reproches de una sociedad en tensión continua, que acepta pero no mira o que mira pero no acepta.

Sebastián Leilo, uno de los directores que compone el cada vez más afortunado grupo de cineastas chilenos que han retratado con tanta sutileza y elocuencia las contradicciones de su sociedad en esta era de post-dictadura, creó de nuevo un relato femenino (y feminista) a través de una narración episódica, sin pretensiones de biopic o aventura épica: Una mujer fantástica (2017) es el episodio de una transición, de los hechos subsiguientes a la pérdida de una pareja en pleno auge de la estabilidad conyugal. Su filme anterior, Gloria (2013), sería el retrato de otra mujer tan ordinaria como fantástica durante el disfrute y la aceptación de una nueva etapa de madurez y libertad, sin el peso de las responsabilidades materno-conyugales. Y así como Paulina García encarnó a un personaje femenino independiente, que le da rienda a sus impulsos sexuales y emocionales sin temer a los inevitables reproches de ajenos y cercanos, reproches  originados por cánones morales difíciles de abatir incluso entre los que se denominan “liberales”, Daniela Vargas encarna con Marina también la independencia, también el disfrute sin culpa, pero más que nada la lucha continua por reafirmar su identidad, su integridad y su derecho a algo tan humano como es despedirse de un ser amado.

Una mujer fantástica (Sebastián Lelio, 2017, Chile). Imagen: Sony Pictures.

El eje central narrativo de Una mujer fantástica es la transición, la aceptación de la misma y la capacidad de resiliencia del ser humano para avanzar cuando la tragedia desajusta una vez más la existencia. Lo trans se percibe en el filme de Leilo como un proceso continuo de vida. Perder a una pareja, mudarse de casa, retomar los estudios, reconstruir la rutina desde otro terreno. Las transiciones nos atraviesan siempre y es a partir de ella que crecemos, que maduramos, que nos acercamos “a esa imagen que hemos soñado de nosotras mismas”, parafraseando a la Agrado de Almodóvar. Marina es un personaje fantástico porque tiene el coraje para aceptar la desgracia y retomar la estabilidad de su vida aunque eso implique un esfuerzo doble, aunque los demás solo quieran ver la forma de sus genitales, solo quieran leer cuál es el nombre que figura en su carnet de identidad, solo quieran clasificarla dentro del orden binominal del género. En una escena, la comisaria Adriana (Amparo Noguera) le dice que “lo ha visto todo” con respecto a “mujeres como ella”. Para estas personas, lo trans les abre los ojos pero les cierra la mente. Solo ven maltrato, prostitución, drogadicción, perversión.

Si Marina es una mujer fantástica es porque representa la lucha solitaria contra esa venda de prejuicios que entra en conflicto en aquel que no encuentra otra forma de cosificar y adjetivar un cuerpo que no entiende. De no aceptar el deseo que siente por este. De no aceptar su sanidad, su belleza. Esa lucha era impensable décadas atrás. Ahora es una realidad, incómoda para algunes, necesaria y trascendental para otres. Inevitable para todes.

Que sea la rutina de lo fantástico nuestra forma permanente de rebeldía.

 

Por Benjamín Gáfaro – @bengafaro

Título: Una mujer fantástica

Año: 2017

País: Chile

Dirección: Sebastián Leilo

Guión: Sebastián Leilo

Fotografía: Benjamín Echazarreta

Edición y Montaje: Soledad Salfate

Protagonistas: Daniela Vega, Francisco Reyes, Luis Gnecco

 

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