En defensa de Trixie Mattel

La drag queen de Milwaukee, Wisconsin, terminó como vencedora en un episodio final controvertido por la ausencia de Shangela en el Top 2

Luego de una temporada repleta de vueltas de tuercas, Trixie Mattel, la “skinny legend” maestra del maquillaje rimbombante, comediante nata y cantautora de folk, se llevó la corona de la tercera temporada de RuPaul’s Drag Race: All Stars, un show que nos ha cambiado literalmente las concepciones mentales a muchas (miles, millones) de personas sobre los estereotipos del género y la construcciones de la identidad.

Pero lo que debería ser un show para entretenernos, educarnos y seguir conquistando escalones de tolerancia y aceptación hacia la comunidad LGTBQ (dentro de sus inmensas e infinitas formas, gustos y colores), ha terminado siendo otro ring de boxeo donde muchos fans iracundos se convierten en trolls para reproducir mensajes de odio e intolerancia hacia las participantes. Lo hicieron contra BeBe Zahara Benet durante el transcurso de esta temporada y ahora lo hacen con Trixie. Lo hicieron contra Nina Bonina Brown, Alaska y Detox en temporadas pasadas.

Entiendo que cualquier programa de competencia, ya sea un reality show o la transmisión de cualquier tipo de competencia despierta pasiones irracionales en el ser humano. Que en Argentina hayan prohibido a la hinchada rival entrar en el estadio como visitantes por las reiteradas e inevitables situaciones de violencia durante o después de un partido habla mucho de esa naturaleza iracunda de las personas que simplemente no pueden aceptar la derrota en un juego (y sí, la referencia de fútbol vale para una competencia de Drag Queens, RPDR: All Stars es nuestra Champions League).

Es aquí justamente donde me parece absurdo desahogar nuestras frustraciones como espectadores a través de cualquier tipo de violencia. Al ser gays, lesbianas, trans o cualquier miembro de la comunidad LGTBQ sabemos en carne propia lo que es ser atacadx solo por ser distintxs, por no amoldarnos a los patrones de conducta e imagen preconcebidos por el patriarcado. ¿De qué nos sirve entonces exigir ese respeto y tolerancia si no podemos aceptar aque nuestra drag queen favorita no ganó un concurso de televiso? Un concurso donde lo importante al final no es quien gana, sino el legado que estas reinas dejan al exponer su vida ante millones de personas en un mundo donde siguen ocurriendo diariamente crímenes de odio contra toda las personas que conforman nuestro colectivo.

Durante All Stars 3, Trixie Mattel reforzó con sus atuendos su estatus de icono. Ilustraciones de Chad Sell

Entiendo los sentimientos que estas competencias nos generan. También me ha dolido ver a Shangela quedar eliminada de esa forma. También creo que merecía, al menos, haber ocupado un lugar es ese top 2 final y de lipsynquiar por la corona. Pero, solo basta respirar un poco y pensarlo mejor antes de reproducir odio por las redes sociales y exclamar que se ha cometido una “injusticia”. Querides, hay peores (mucho peores) injusticias que acontecen diariamente en el mundo hoy en día. Y Drag Race no deja de ser, al fin y al cabo, un reality show que construye situaciones de drama para generar emociones y fidelidades en su audiencia. Creo que ese esfuerzo de repensar en qué invertiremos tiempo y energía para preocuparnos y mortificarnos es necesario hoy en día, donde las redes sociales nos permiten expresarnos públicamente y sin ningún filtro de consciencia.

Dicho esto, solo quisiera darle un poco de justicia (aunque no la necesita) a Trixie Mattel, una drag queen que en un principio yo mismo no comprendí: no comprendía su maquillaje exagerado que en vez de un rostro femenino, recrea la ilusión de una muñeca Barbie estrafalaria, pasada por ansiolíticos y algo de psicodelia trash. Tampoco su humor donde ella misma se pone en el centro de cualquier situación ridícula y, mucho menos, su vocación de cantante de country/folk. Pero allí está su importancia: Trixie salió dos veces de la séptima temporada sin la corona y sin ningún momento realmente memorable y construyó por sí sola una de las carreras más notables de todo el universo post drag race.

Junto con Katya para el lanzamiento de The Trixie & Katya Show. Imagen: Viceland

Generó una identidad auténtica basada precisamente en el exageración, en señalarse a sí misma como un artificio que no debes tomar tan en serio pero, al mismo tiempo, no puedes negar que su trabajo va muy en serio; junto con Katya (otra gran favorita sin corona) crearon UNHhhh uno de los programas de YouTube más originales e hilarantes de los últimos tiempos (que les dio su paso directo de nuevo a la TV con The Trixie & Katya Show por Viceland); y, de remate, construyó una carrera musical que se aleja de las clásicas melodías de discoteca con voz en auto-tune que suelen grabar las drag queens (recalco que nada malo hay con esto, yo mismo me muero de ganas por bailar Kitty Girl en una próxima fiesta) para ganarse un lugar como una de las artistas emergentes más importantes del folk en los Estados Unidos.

Si piensas que su desempeño en ASS3 no fue perfecto, si Shangie o la santa BenDela eran para ti las verdaderas ganadoras, todo bien, así son las competencias, proyectamos nuestros favoritismos, apostamos a una ganadora y a veces acertamos, otras veces no. Y la vida continúa. Ellas seguirán siendo reinas y nosotros los seguidores de su reinado, con o sin corona. Me despido con estas palabras Tatianna que no deberíamos olvidar nunca: “Drag is fun. Drag is not to be taken too seriously. Drag is expression. Drag is art. Drag is for everyone. Drag can be created by anyone.” Amén.

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