Cold War: el amor en tiempos de goce y castigo

Tomasz Kot y Joanna Kulig
protagonizan “Cold War”. Imagen: Amazon Studios

Hace tiempo que no escribía una reseña de cine. De hecho, las últimas entradas de este casi-olvidado-blog se refieren a programas de TV. Quizás porque durante 2018 me cuestioné muchas muchísimas convicciones que antes creía incuestionables, como el sentido de invertir tiempo en analizar películas cuando el mundo está por estallar en mil pedazos y las fake news invaden las redes y condicionan las opiniones (y los votos) de millones de personas. ¿Es realmente importante hablar de cine en medio de este contexto? La respuesta me la dio, naturalmente, el mismo cine.

[En este punto de paranoia colectiva donde te crucifican por revelar argumentos evidentes, ya no tengo idea de qué puede considerarse ‘spoiler’ y qué no. Así que, si decide leer esto, hágalo bajo su propio riesgo. Ah, y muchas gracias. Vuelva pronto.]

Cold War (Zimna wojna), último filme del director/autor polaco Pawel Pawlikowski, simboliza en muchos sentidos la importancia del arte para expandir nuestra conciencia en momentos de crisis humanitarias y claras amenazas a las libertades y derechos humanos básicos. La película se desarrolla, como su nombre lo indica, en los años cincuenta del siglo XX en plena Guerra Fría. Por medio de una serie de elipsis temporales presenciamos el auge, el clímax, el ocaso y la conclusión de una relación amorosa/pasional entre Wiktor, un director de música (Tomasz Kot) y  Zula, una joven cantante (Joanna Kulig). Podría agotar todos los adjetivos posibles solo para elogiar estas dos interpretaciones, claves para lograr ese efecto estremecedor que te queda cuando aparecen los créditos finales.

Y Pawlikowski sabe muy bien cómo estremecer a les espectadores: lo hizo en 2013 con Ida, con la cual se llevó un centenar de palmares, entre ellos el Óscar a la Mejor Película Extranjera. En Cold War se repiten ciertas características que hacen de su lenguaje cinematográfico una poesía audiovisual: el blanco y negro, el uso magistral de la luz y la sombra, los paisajes bucólicos del invierno polaco, los hermosos retratos de gente ordinaria. Su cine es casi un ensayo magistral sobre la sutileza, exponiendo lo bello, lo cotidiano y lo terrorífico sin abusar de ningún recurso extradiegético. Ni siquiera la música, que es un personaje fundamental en este filme, resulta excesiva. En su cine, todos los elementos estéticos están dosificados en la medida justa para componer una partitura sublime.

Joanna Kulig interpreta a Zula, cantante y bailarina. Imagen: Amazon Studios

Es esa palabra, “composición”, una clave en Cold War. No solo porque sus protagonistas viven de y por la música. Su narrativa es en sí misma una composición de muchas cosas: tiene elementos del musical,  de la comedia ligera, de la sátira social, del suspense del film noir y del cine de espionaje. No obstante, se trata antes que nada de una historia de amor y tragedia en medio de un contexto sociopolítico adverso para sus protagonistas, por lo cual es imposible ignorar el conflicto ideológico que propone Pawlikowski con esta obra.

En Sociología y Cultura, Pierre Bourdieu afirma que “las relaciones culturales pueden operar como relaciones de poder justamente porque en ellas se realiza la comunicación entre los miembros de la sociedad y el conocimiento de la realidad”. Este mecanismo de poder y control social opera directamente en todos los personajes de Cold War, inmersos en el mundo de las Bellas Artes de una Polonia custodiada por la U.R.S.S., donde el ideal comunista del hombre nuevo y su contraposición con el liberalismo occidental castra la posibilidad de una libertad individual plena, incluso si esa libertad solo pretende reproducir un arte folclórico sin guiños propagandísticos.

Tomasz Kot interpreta al director de música Wiktor Warski. Imagen: Amazon Studios

Ante esta maquinaria estatal de control/compensación/castigo, Wiktor y Zula toman una serie de decisiones que definen su relación y sus respectivas condenas. La libertad parece entonces un espejismo que solo se vuelve real con el máximo sacrificio.

Cold War puede ser, en este sentido, una parábola de la resistencia ante un sistema que te hace creer que eres libre mientras opera constantemente en contra de tu libertad. Puede ser también un hermoso homenaje al goce del presente y a la inevitable fatalidad del futuro. Sea cual sea tu interpretación, para mí es y será la mejor película del 2018.

Por Benjamín Gáfaro – @bengafaro

 

Título: Cold War (Zimna wojna)

Año: 2018

País: Polonia

Dirección: Paweł Pawlikowski

Guion: Janusz Głowacki, Paweł Pawlikowski

Fotografía: Lukasz Zal

Edición y Montaje: Jarosław Kamiński

Protagonistas: Joanna Kulig, Tomasz Kot, Agata Kulesza, Adam Woronowicz.

 

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