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Reseñas

Daniela Vega es Marina Vidal en Una mujer fantástica (Sebastián Lelio, 2017, Chile). Imagen: Sony Pictures.

Marina es una quimera. Una fantasía. Un sueño. También es un ser humano de carne y hueso. Una mesonera. Una cantante lírica que a veces canta y baila salsa ante las miradas embriagadas de otros hombres y mujeres que ahogan sus prejuicios en un bar nocturno. Marina sale a correr, pasea a la Diabla, baila, besa, ama, odia. Es una artista, una trabajadora. ¿Qué tiene entonces de fantástica Marina? Nada y mucho, al mismo tiempo. Porque Marina es una mujer trans, que ya a estas alturas de la vida en (al menos) cualquier capital del mundo no debería ser motivo de asombro. Pero lo es, y no solo de asombro, también de desprecio, de crueldad y de muchos otros sentimientos y acciones cercanos al lado más ruin la humanidad.

Mientras transita las calles de Santiago de Chile, con su propia magia, Marina debe ser impermeable ante los reproches de una sociedad en tensión continua, que acepta pero no mira o que mira pero no acepta.

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La serie australiana ya se encuentra en Netflix Latam – Imagen: ABC

En la era dorada de la televisión parece que lo último que necesitamos es que alguien nos recomiende otro título para matar las cada vez más escasas horas de ocio. Pero asumo el riesgo con Please Like Me, la serie australiana creada, producida, escrita, protagonizada y -a partir de esta cuarta temporada- dirigida por Josh Thomas, comediante de 29 años.

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Oh, cercana distopía – Imágenes: Netflix.

2016 fue un año difícil para la humanidad entera. Alepo, Venezuela, Orlando, Brexit… Trump. Una pequeña pero significante excepción: Netflix. Quizás fue el servicio de streaming multimedia la válvula de escape perfecta para olvidarnos de que vivimos en un mundo que parece caerse a pedazos (pedazos cuyas astillas esta vez sí nos impactan directamente). O quizás fue exactamente lo contrario: nos mostró varios panoramas post o pre apocalípticos donde la tecnología ha suprimido finalmente la autonomía del ser humano, dominando su conciencia, su percepción, sus aspiraciones, sus pulsiones básicas, su entorno y concepción de la propia existencia. Es el caso de Black Mirror

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Odisea hacia ningún lugar. Imagen: CBS Films

Odisea hacia ningún lugar. Imagen: CBS Films

Los espectadores estamos acostumbrados a que el cine le dedique uno –o varios, o muchos- largometrajes a un icono de la música. Sólo los últimos diez años, tres estatuillas del Óscar han caído en las manos de actores y actrices que han interpretado a cantantes míticos: Jamie Foxx como Ray Charles en Ray, Reese Witherspoon como June Carter en Walk the Line y Marion Cotillard como Edith Piaf en La vie en Rose. Lo que es difícil de concebir es ver una biografía fílmica de un cantautor fracasado. Pero no de un fracasado que, después de una travesía agónica, logra el reconocimiento que merece. Tampoco de un hombre que “llega a la cima y lo pierde todo por sus vicios y maldiciones personales”. No, olviden todos los lugares comunes de las biopic que están acostumbrados a ver: esta es la historia de un hombre anónimo o, más bien, el episodio de un hombre anónimo en que intentó obtener un contrato discográfico y no lo logró.

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O el eterno dilema de sobrevivir a la fama después de la fama

O el eterno dilema de sobrevivir a la fama después de la fama / Imagen: Fox Searchlight Pictures

Advertencia: hay Spoilers.

I

Birdman es una película inusual. No por el “eterno” plano secuencia, que si bien la hace interesante, no debería ser su principal ni más original virtud (no es por restarle mérito a la dirección de fotografía de Emmanuel Lubezki, ¿pero alguien recuerda La Soga de Hitckcock? Se filmó sin la ayuda de los efectos digitales). Lo inusual es que se trate del dilema de la fama y del reconocimiento artístico, que en pocas palabras implica una sola cosa: ego. Es el ego de Riggan Thomson (personaje interpretado magistralmente por Michael Keaton) el que lo hace tambalear de un lado a otro entre los bordes de un precipicio absurdo. Absurdo porque es el fantasma de un superhéroe caduco y ridículo que se manifiesta como el lado soberbio de su egolatría, construida en Hollywood para romper récords de taquilla y saturar las pantallas de entretenimiento vacío. Absurdo porque es un pajarraco gigante.

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